EL VIAJE DE
LÓPEZ A ESTADOS UNIDOS:
"VINE, VI, VENDÍ"
La reciente
visita de López Michelsen a Estados Unidos
lejos de configurar las funciones de un jefe
de Estado que atiende responsabilidades
internacionales con autonomía, con brillo,
con dignidad, pareció más bien el viaje del
caporal a informar al patrón cómo anda el
fundo y a solicitar instrucciones y
autorización para las mejoras que sean
menester. Y es que Colombia a pesar de tener
himno, bandera y escudo y elegir a veces
cada cuatro años un presidente, continúa
siendo una enorme hacienda de propiedad de
los monopolios estadinenses, como en los
años de la separación de Panamá, cuando
nuestra república ya era una colonia de
nuevo tipo del imperialismo norteamericano.
El carácter sumiso del gobierno colombiano
ha quedado plenamente patentizado, no
obstante los esfuerzos de las agencias
noticiosas occidentales y de la gran prensa
colombiana de presentar las gestiones del
presidente López, en la metrópoli, cual
originadas en una posición independiente y
hasta contraria en algunos aspectos con la
política demarcada por Gerald Ford.
Días antes
de la reunión de los dos mandatarios, cables
procedentes de Washington tendientes a
preparar el terreno para la entrevista,
comenzaron a propalar que "Colombia
encarna hoy día la nueva actitud
latinoamericana de creciente alejamiento
de Estados Unidos"; que "Colombia
por su prestigio internacional, es el país
latinoamericano con mejores condiciones
para formar un puente entre Estados Unidos
y el Tercer Mundo", y que "Colombia
es un país importante y puede desempeñar
un papel decisivo como fuerza moderadora
en América Latina"1 . Qué más
desearía el señor Ford! Pintar con ribetes
cuidadosamente improvisados de seudo-decoro
nacional al obsequioso régimen colombiano,
para luego designarlo como intermediario o "puente"
de las relaciones entre los Estados Unidos y
los países neocoloniales de Latinoamérica y
hasta del Tercer Mundo. Veamos qué pasó.
1. LA
CUESTIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ
Sobre los
buenos oficios del señor López ante el
gobierno norteamericano alrededor del
conflicto del Canal de Panamá los
comentaristas a sueldo hicieron especial
énfasis, resaltando que el dirigente
colombiano sería personero de los intereses
del pueblo panameño, en nombre del resto de
naciones del Hemisferio. Para el despliegue
periodístico fue aprovechada la intempestiva
aparición en Bogotá del general Torrijos, en
vísperas de la salida de López y de su
numerosa comitiva. Se promulgó que el
gobernante panameño había nombrado a su
colega colombiano como emisario de la causa
del hermano país durante la gira de éste por
Norteamérica. En torno a ello se especuló lo
bastante para prefabricar notoria
expectativa acerca de la misión
internacionalista del procónsul del "mandato
claro".
¿Cuál fue el
desempeño del señor López con problema tan
inquietante para Panamá y para el resto de
las naciones latinoamericanas? ¿Qué
planteamientos hizo? Sólo sabemos de sus
opiniones públicas por versión recogida en
la gran prensa y que son de conocimiento
general, Con ellas basta para desentrañar
los genuinos afectos en política exterior de
nuestro caporal en trance de estadista de
talla internacional. De lo que pregonó en
público podemos deducir cuánto confesaría en
privado. A la cuestión canalera se refirió
por dos ocasiones. La una en su discurso del
banquete de la Casa Blanca y la otra durante
rueda de prensa en Washington. Del discurso
extractamos al respecto lo que sigue: "Con
la debida consideración por la seguridad
de los Estados Unidos, es necesario
encarar, con un criterio de las realidades
de 1975, la modificación de las
condiciones que tenían vigencia a
comienzos del siglo, creadas bajo un tipo
de relaciones internacionales hoy superado"2.
Frente a los periodistas complementó la
idea. Según el cable de la UPI, "López
Michelsen sugirió, que en la tarea de
defender al Canal, Estados Unidos debe
actuar conjuntamente con Panamá, tratando
a ese país como un aliado". Y comentó
textualmente: "Nadie ignora que en un
evento de tal magnitud, el concurso de
Estados Unidos sería indispensable,
gústenos o no. Y los panameños están al
tanto de ello"3.
Como se
aprecia, el presidente López, en su
representación de portaestandarte imprevisto
de los intereses latinoamericanos, resultó
terciando del lado de las prerrogativas
arbitrarias de los imperialistas. Referente
a los derechos de Panamá a ejercer la
soberanía en todo su suelo patrio, se limitó
a sugerir a su anfitrión que tuviera en
cuenta "las realidades de 1975". Mientras
con desfachatez pasmosa demandó "la
debida consideración por la seguridad de
los Estados Unidos" en Panamá, y
planteó que el "concurso de los Estados
Unidos" en la defensa del Canal "sería
indispensable".
Ni con el
alegato de la protección de su seguridad, ni
bajo ningún título legítimo, al imperialismo
norteamericano le está permitido reclamar su
intervención en Panamá o en cualquier otro
país del globo. Únicamente en el código de
la piratería internacional se registra ese
inaudito derecho a trasladar tropas,
levantar bases militares y mantener
jurisdicción en tierras ajenas como lo hace
el gobierno de Washington en los cinco
continentes. Es la seguridad de Panamá la
que ha estado permanentemente amenazada con
la presencia del ejército norteamericano. El
pueblo panameño lo que exige es soberanía
plena en cada palmo de su geografía. El
Canal se halla dentro de sus fronteras y al
pueblo panameño y a su gobierno les
corresponde por consiguiente su indiscutible
control. Además, Estados Unidos en tres
cuartos de siglo de explotación de aquel,
sacó ganancias más que excesivas a las
inversiones de 1903.
Los pueblos
latinoamericanos respaldan
incondicionalmente las peticiones y batallas
del pueblo panameño para ponerle punto final
al enclave colonialista yanqui en su
territorio y lograr disponer libremente del
Canal y demás recursos naturales y
económicos, sin la injerencia de ningún
poder extranjero. Esta contienda de
proporciones gigantescas hace parte de la
colosal lucha de los pueblos explotados y
oprimidos del tercer mundo por anular y
derrotar la intromisión y agresión que tanto
el imperialismo norteamericano como el
socialimperialismo soviético despliegan sin
cesar, en la disputa descabellada por el
dominio y reparto del mundo. La corriente
histórica de los movimientos de liberación
nacional de Asia, África y América Latina,
fuerza principal de la revolución actual,
terminará imponiéndose. Su incontenible
desarrollo derrumbará las ambiciones
colonialistas del imperialismo y del
socialimperialismo y creará las condiciones
para la implantación de un nuevo orden
internacional, basado en el mutuo respeto y
apoyo entre las naciones, en el que
desaparezca la extorsión de unos países por
otros, la dependencia económica y política y
los peligros de la guerra mundial.
La cabeza
visible del régimen antinacional y
antipopular que sojuzga a Colombia, el
presidente López, no pierde oportunidad para
posar de demócrata y patriota, pretextando
estar con las "realidades de 1975", aún en
diligencias tan poco defensables como su
viaje a los Estados Unidos. Sin embargo, una
vez actúa o abre la boca, queda al
descubierto su verdadera naturaleza. Nada
más demostrativo de esto que sus ínfulas de
amigo ferviente del pueblo panameño. No es
patriótico, ni democrático, ni favorece a la
causa del pueblo panameño prohijar la tesis
norteamericana de que Estados Unidos debe
velar por su seguridad en Panamá. No es
patriótico porque la presencia de las bases
militares estadinenses en el vecino país son
una amenaza directa para Colombia.
Implícitamente se está admitiendo que así
como el gobierno de los Estados Unidos goza
del insólito privilegio de salvaguardar su
seguridad nacional en Panamá, lo podría
aplicar en cualquier región, en el Caribe,
en Europa, en el Mediterráneo, en Asia, en
el Medio Oriente, inclusive en Colombia.
Tampoco es democrático porque las relaciones
internacionales no pueden estar regidas por
la ley de la selva, con arreglo a la cual el
más fuerte devora al más débil y a éste se
le prohibe hasta chistar. Estados Unidos
parapetado en una supremacía de fuerza se
atreve inescrupulosamente a sustentar la
intervención militar en Panamá como medida
de su seguridad nacional. Pero es a Panamá
al que con toda la razón del mundo y en aras
de su seguridad interna le asiste el
absoluto e incontrovertible derecho a exigir
el retiro de todos los soldados y
autoridades norteamericanas de su
territorio. Amigo sincero de Panamá sólo
será quien respalde incondicionalmente las
justas reivindicaciones y la heroica lucha
del pueblo panameño por su independencia
completa, plena soberanía, cabal
autodeterminación e integridad territorial,
de las cuales nunca ha disfrutado ya que
desde su nacimiento como República el
imperialismo norteamericano pisotea su
nacionalidad, en el ávido propósito de
manipular a sus anchas la puerta que
comunica a los dos océanos.
El general
Torrijos debió buscar otro emisario digno de
mejor confianza.
2. EL CASO
DE LOS CAYOS COLOMBIANOS
El viaje del
presidente López estuvo relacionado también
con el asunto de Roncador, Quitasueño y
Serrana. Expliquemos someramente.
Los cayos de
Roncador, Quitasueño y Serrana se encuentran
ubicados en aguas territoriales colombianas
en el Mar de las Antillas, entre las 35 y 75
millas de distancia de las islas de San
Andrés y Providencia. Al margen de los
cuantiosos recursos naturales de su subsuelo
marino, esta zona posee una flora y una
fauna muy variada y rica. Razón más que
suficiente para que Estados Unidos la haya
apetecido durante cerca de cien años. Pero
los cayos pertenecen a Colombia, lo cual se
sustenta en una larga tradición y en
documentos irrefragables que datan algunos
de ellos de la época del régimen colonial
español. Sin embargo, desde el siglo pasado
los gobiernos norteamericanos se han valido
de mil tretas y de su prepotencia armada
para mantener la posesión arbitraria de los
cayos y aprovechar su capacidad piscícola
sin tasa ni medida. Después de múltiples
intrigas el despojo se pretendió
protocolizar mediante el "modus vivendi"
Olaya-Herrera-Kellog de 1928, impuesto
compulsivamente tras la complicidad de los
vendepatrias colombianos, con el que se
establecía el condominio de los cayos de los
Estados Unidos y de Colombia, hasta tanto no
se resolviera el "litigio". Durante la
administración de Pastrana Borrero el
gobierno norteamericano resolvió reconocer
la propiedad colombiana sobre los cayos de
Roncador, Quitasueño y Serrana, en un alarde
de falso acatamiento a la soberanía y
prerrogativas ajenas, pues se abrogó el
abusivo usufructo tanto de la pesca como de
la libre navegación por los mismos. Este
curioso doble reconocimiento de los derechos
de Colombia y Estados Unidos sobre un
segmento del territorio y del mar
territorial colombianos quedó consignado en
el tratado Vásquez-Saccio de 1972. El
gobierno de Pastrana jamás clarificó a
satisfacción a la opinión pública el nuevo
tratado. Ni el gobierno actual tampoco. Con
el agravante de que el señor López Michelsen
tuvo que ver con el asunto cuando desempeñó
el cargo de Ministro de Relaciones
Exteriores en la presidencia de Lleras
Restrepo.
El tratado
Vásquez-Saccio se encuentra hace más de dos
años a la aprobación del Congreso de los
Estados Unidos pero éste no lo ha refrendado
aún. Uno de los objetivos del viaje de
López, conforme se precisó posteriormente,
fue presionar la aprobación de dicho tratado
en el parlamento norteamericano.
No se
conocen las alegaciones que presentó el
señor López a los congresistas
norteamericanos sobre los cayos de Colombia
febrilmente codiciados por la superpotencia
del Norte. Contamos con algo mejor, el
informe oficial de su gira de una semana que
sometió al examen del Senado colombiano. En
él argumentó el Presidente, refiriéndose a
Roncador, Quitasueño y Serrana: "No
obstante el escaso potencial económico,
conocido hasta ahora, de los cayos,
siempre he considerado que, para Colombia,
obtener en forma inequívoca el
reconocimiento de su soberanía,
garantizando los derechos de pesca
norteamericanos, constituye un paso
decisivo dentro del propósito constante de
alinderar nuestra jurisdicción territorial
y marítima"4.
Las palabras
citadas agotan por decirlo así el criterio
presidencial sobre este tema de vital
importancia para la nación. Algo hay oscuro
y turbio en el problema que no fue
despejado. Demandamos -según el señor López-
el reconocimiento de la soberanía colombiana
sobre los cayos, pero, y pongamos atención a
este pero, "garantizando los derechos de
pesca norteamericanos". Tal merced no
ha sido lo suficientemente explicada.
Simplemente es una frase que se menciona y
se desliza entre otras como una más de las
cuentas del rosario, sin parar mientes en
ella, ¿Por qué tenemos que garantizar los
derechos de pesca norteamericanos? ¿Como
contraprestación a que Estados Unidos nos
conceda el reconocimiento de la soberanía
colombiana de los cayos? No hay respuesta
para ninguna de estas inquietudes. La
notificación recibida por el Congreso
menciona a secas: "garantizando los
derechos de pesca norteamericanos". A
esto se le añade la declaración del
subsecretario de Estado, William D. Rogers,
quien ratificó hace poco que el mencionado
tratado, además de contemplar los derechos
de pesca de los Estados Unidos en los cayos,
permite "el mantenimiento de ayuda de
navegación norteamericana en los mismos"5.
Atando cabos
y siguiendo el curso histórico de las
violaciones estadinenses de la jurisdicción
colombiana en esa porción del Caribe, la
conclusión es obligada: por una parte
Estados Unidos, después de un siglo de
latrocinio, resuelve admitir formalmente que
los cayos pertenecen a Colombia, y por la
otra, mantiene realmente la franquicia para
proseguir percibiendo los beneficios de su
integral utilización. He ahí la radiografía
del neocolonialismo, o colonialismo de nuevo
tipo. En apariencia el acatamiento de las
normas internacionales de derecho que rigen
las relaciones entre los países y de hecho
el saqueo, el atraco a mano armada, el
soborno, la violabilidad y la transgresión
sistemática de los principios de no
intervención y no agresión. Todo indica que
semejante cosa está sucediendo con Roncador,
Quitasueño y Serrana. Colombia recibe una
despreciable reparación en el papel, y en
los cayos el imperialismo norteamericano
continúa como Pedro por su casa.
Este
problema tampoco está aislado de la lucha
que libra el tercer mundo contra las fuerzas
imperialistas y socialimperialistas. Las
flotas pesqueras de Estados Unidos y de la
Unión Soviética surcan los siete mares
apropiándose de las riquezas ictiológicas de
las naciones ribereñas. Los pueblos víctimas
de esta sustracción atrabiliaria y
conscientes de la necesidad de preservar
principalmente ante las dos superpotencias
los recursos de sus plataformas marina y
submarina, emprendieron la descomunal
batalla por la implantación de las 200
millas de mar territorial. Los países y
pueblos del tercer mundo que terminaron por
integrar un poderoso frente de lucha en las
varias conferencias internacionales sobre
los problemas marítimos, han propinado duros
golpes a las superpotencias. A su vez, el
imperialismo norteamericano y el
socialimperialismo soviético se asociaron en
esas conferencias, acaso como en ningún
momento mejor, para oponerse rabiosamente a
los proponentes de las 200 millas. La
polarización del mundo en estas dos
posiciones irreconciliables en lo
concerniente a los derechos de las aguas
oceánicas resulta apenas natural. Los países
pequeños y subdesarrollados, dueños de una
riqueza marina y submarina por la cual los
pulpos internacionales se relamen, deciden
aunar fuerzas entre sí para conseguir
instaurar una disposición internacional que
autorice a cada república ribereña extender
de las 12 a las 200 millas la soberanía
sobre su mar territorial y la haga efectiva.
En la práctica varias naciones hacen valer
actualmente esta conquista. Y viceversa, las
dos superpotencias, que se encuentran
dedicadas a producir y fortalecer flotas
navieras de hondo calado, tanto para fines
económicos como militares, pugnan porque se
limite al máximo la soberanía marítima y así
poder transitar sin mayores trabas en todos
los océanos succionando las riquezas de las
naciones pobres e intimidándolas.
En su viaje
el señor López dio prueba de su sesgo
complaciente con estos procederes vandálicos
de las fuerzas imperialistas. Por eso
tranquilamente habla de "alinderar
nuestra jurisdicción territorial y
marítima" y al mismo tiempo de
garantizar la navegación y la pesca de los
barcos norteamericanos en dicha
jurisdicción.
3. EL ASUNTO
DEL TAPÓN DEL DARIÉN
La
construcción del sector de la Carretera
Panamericana que habrá de unir a Colombia
con Panamá, tramo conocido corrientemente
como el Tapón del Darién, fue también uno de
los tantos negocios que el presidente López
trató con el alto mando estadinense.
En más de
una oportunidad los colombianos hemos oído
comentar sobre este objetivo. Sabemos que
consiste en una obra tremenda, un auténtico
desafío a la ingeniería que habrá de abrirse
paso en medio de la manigua más inhóspita,
salvar ríos caudalosos, bordear montes, todo
lo cual demanda además una cuantiosa
inversión calculada hoy por hoy en cientos
de millones de dólares. Las opiniones
concuerdan en que la empresa bien vale la
pena, no sólo porque complementa la
Carretera Panamericana y vincula por tierra
a los dos países, sino porque desembotella a
una de las regiones colombianas más
promisorias e intrínsecamente ricas y a la
vez más pobres y abandonadas, como es el
Chocó. Los campesinos de los dos lados de la
frontera deberían ser los llamados a
beneficiarse en primer término del
prodigioso avance. Empero el imperialismo
norteamericano, que no da puntada sin dedal
y lleva décadas sustrayendo el oro, las
maderas y la fauna del lugar a cargo de la
miseria de la raza chocoana, ya ha hecho
cálculos de los beneficios que le aportaría
la apertura de la vía y ha ofrecido correr
con una buena parte de las erogaciones. Se
ignoran en qué consisten exactamente las
condiciones financieras de la "ayuda"
brindada por el gobierno de Washington, así
como el resto de pormenores de un proyecto
que contabiliza más de quince años
ventilándose. Son secretos de Estado que los
funcionarios lacayunos colombianos guardan
con singular celo. A sus súbditos les
comunican alambicadamente una que otra
noticia fragmentaria. No hace mucho se
conoció que Estados Unidos impediría la
iniciación de los trabajos mientras el
gobierno colombiano no pusiera en
funcionamiento un plan de sanidad en los
departamentos ganaderos que asegurara la
extirpación del peligro de transmisión de
fiebre aftosa. Hasta aquí en líneas
generales la situación de este ambicioso
plan, antes del viaje del Presidente y su
selecto séquito. Ahora volvamos de nuevo la
vista al informe oficial.
El señor
López le comunicó al Parlamento que la
carretera del Darién ya no valía 150
millones de dólares como en los tiempos de
la visita de su antecesor Lleras Restrepo,
sino 250 millones de dólares y que Colombia
tendría que contribuir con una novena parte
del total. El faltante mayor correspondería
sufragarlo a los Estados Unidos, Panamá y
las repúblicas centroamericanas. Y en cuanto
a la exigencia de adelantar las campañas
contra la aftosa para evitar su propagación,
como medida previa a la hechura de la vía,
se expresó concretamente López Michelsen: "Con
ayuda norteamericana se vienen dando pasos
enderezados a conjurar la posibilidad de
tal contagio, atendiendo insinuaciones que
se vienen poniendo en práctica por el ICA
y el INDERENA, siendo revisado el proceso
por las propias autoridades
norteamericanas, periódicamente, con
resultados satisfactorios"6.
Decíamos al
principio de este artículo que Colombia
parecía una hacienda del imperialismo
norteamericano, cuyo administrador es el
presidente de la República. Quienquiera que
repare en el mensaje del señor López irá
reafirmando esta creencia. Desprovisto de
todo recato el mandatario colombiano comenta
como la cosa más elemental y obvia la de que
"las propias autoridades norteamericanas"
vienen supervisando "periódicamente"
determinadas actividades del ICA y del
INDERENA, dos institutos encargados de la
investigación agropecuaria y de la
preservación de los recursos renovables,
respectivamente. No de ahora sino de mucho
rato atrás se tiene la certeza que tales
establecimientos públicos son programados,
mantenidos y accionados por las
correspondientes secciones del engranaje
colonialista estadinense. Como conclusión,
aquellos organismos promovidos teóricamente
para desarrollar y mejorar la agricultura y
la ganadería del país y para proteger sus
bosques y múltiples especies, muchas de
ellas en camino de desaparecer, en lugar de
cumplir con su cometido conforme a un
riguroso criterio científico y de acuerdo a
los intereses nacionales, actúan en
consonancia con las conveniencias de los
monopolios extranjeros, principales
causantes del actual desbarajuste de la
producción campesina, de la tala irracional
de los depósitos naturales madereros, del
cáncer progresivo de la erosión, de la
sequía y contaminación de las hoyas
hidrográficas, de la extinción implacable de
valiosos animales únicos en su género. El
Estado colombiano es indolente por completo
ante este desastre devastador que lesiona en
forma grave la economía patria y el
bienestar del pueblo. Cual instrumento dócil
del imperialismo norteamericano se preocupa
más bien en anestesiar el cerebro de las
gentes, de idiotizarlas y tornarlas
insensibles como él frente a la intromisión
extranjera y demás problemas de repercusión
pública y social. Muy acentuada ha de ser la
mentalidad colonial en la cúpula estatal,
cuando el Presidente informa a la rama
legislativa del Poder que las autoridades de
una potencia extranjera revisan "periódicamente"
funciones de dos establecimientos públicos,
cual requisito previo a que esta potencia
conceda la autorización para hacer una
carretera, y el Parlamento acepte como algo
común y corriente tamaña ingerencia en los
asuntos internos, violatoria de la soberanía
nacional, sin proferir una sola objeción ni
hacer una sola pregunta.
En verdad
son aberrantes los compromisos adquiridos
por el gobierno colombiano en la última
salida de su Presidente, por mas que éste
los comente con soberano desparpajo.
4. EL
CAPÍTULO DE LOS PRÉSTAMOS
No hay nada
que entusiasme más a la gran burguesía y los
grandes terratenientes, las clases
colombianas usufructuarias de los favores
del sistema neocolonial y semifeudal del
país, que los empréstitos alcanzados por sus
representantes oficiosos. Los préstamos son
encubiertos casi siempre con planes y
programas de "contenido social". Hoy se dice
que benefician al "5O por ciento más pobre
de la población colombiana". Sobra agregar
que tales consignas forman parte de la
alharaca propagandística de un negocio como
cualquier otro. Las agencias financieras
imperialistas prestan a intereses elevados y
después de la correspondiente aprobación de
la finalidad a que se destinen sus
capitales. Por encima de cualquier
consideración se cercioran que sus
erogaciones estén respaldadas, seguras y que
sean rentables. El Estado se responsabiliza
de cumplir con la destinación y de pagar. Al
fin de cuentas el pueblo es quien cubre las
pérdidas, proporcionales a las ganancias de
los prestamistas, los grandes monopolios
internacionales, y a las ganancias de los
prestatarios, las clases vendepatrias
intermediarias.
En el mes de
junio del presente año se reunió en París el
denominado Grupo de Consulta, integrado por
las principales agencias financieras
internacionales, uno de los mecanismos de
vigilancia y control constituidos por las
fuerzas imperialistas para tramitar los
empréstitos. En aquella reunión, a la que
asistió el ministro de Hacienda Rodrigo
Botero a promover la política de
endeudamiento del país, se apreció que
Colombia podía absorber en el próximo futuro
préstamos por la astronómica suma de 2.600
millones de dólares. El Grupo de Consulta
emitió exclusivamente el visto bueno, mas
con éste las solicitudes gubernamentales son
estudiadas y atendidas por la gran banca
mundial. El viaje de López a Estados Unidos
buscaba precisamente concertar en definitiva
con los financistas norteamericanos los
proyectos que habían obtenido luz verde, y
por eso su comitiva era abundante y
escogida. Lo acompañaron, entre otros, los
ministros de Hacienda, Desarrollo Económico,
Agricultura y Obras Públicas y el alcalde de
Bogotá. Cada uno de estos acuciosos
servidores públicos velaría por la
financiación de los programas y planes de
las dependencias a su cuidado ante los
usureros del capitalismo internacional. De
esta suerte Colombia fue distinguida con
pesadas y numerosas deudas que la hipotecan
hasta el siglo XXI, y cuya discriminación
está todavía confusa. El informe del
Presidente menciona algunas. Por su parte,
la gran prensa registró otros datos más.
Podemos tentativamente esbozar una síntesis
en cifras del quehacer internacionalista del
"mandato claro":
- Para el
Plan de Desarrollo Rural Integrado, préstamo
por 180 millones de dólares, con el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y el
Banco Internacional de Reconstrucción y
Fomento (B I R F). Serán ejecutores la Caja
Agraria y el ICA y se desarrollará en los
departamentos de Boyacá, Santander, Nariño,
Cundinamarca, Antioquia, Sucre, Cesar y
Córdoba.
- Para el
Plan Nacional de Nutrición y Alimentación,
empréstito de 150 millones de dólares con el
BID, el BIRF y la Agencia Internacional de
Desarrollo (AlD). Destinación: producción
alimentos de alto poder nutritivo,
asistencia técnica, silos y mejoras de
comercialización, caminos, electrificación,
saneamiento ambiental, escuelas, puestos de
salud, investigaciones y mejoras de
variedades agrícolas.
- Para el
Fondo Financiero Agropecuario, 80 millones
de dólares con el BID y el BIRF. Objetivo:
ganadería y cultivos comerciales.
- Para el
Plan Cerros, conocido también con el nombre
de la Avenida de los Cerros, 44 millones de
dólares. Prestamista: el BID; destinatario:
la ciudad de Bogotá.
- Préstamos
especiales de la AlD por 39.9 millones de
dólares. Propósitos: carreteras de pico y
pala, financiación producción textos
escolares, programa SENA-ACPO, programas
ciencia y tecnología, programa ICA,
nutrición, catastro, investigación pesca,
apoyo financiero a cooperativas.
- El BID
concedió además empréstitos para los
siguientes proyectos: Plan de Desarrollo de
Buenaventura, US$ 20 millones; control de
erosión, Corporación de Defensa de
Manizales, Salamina y Aranzazu un total de
US$ 10 millones; reforestación INDERENA, US$
22 millones; acueductos y alcantarillados,
ciudades pequeñas, US$ 20 millones.
- El BID
concedió también préstamos por 27 millones
de dólares para la colonización del Caquetá
y por 21 millones de dólares para el
desarrollo agrícola del Departamento de
Córdoba.
- El alcalde
de Bogotá obtuvo del BID un millón de
dólares como financiación para un estudio
del transporte colectivo de la capital.
- En trámite
quedaron préstamos pendientes para los
trabajos de regularización de las aguas de
los ríos Magdalena y Cauca y construcción de
la represa de Salvajina, en el departamento
del Valle; para diversas obras en ciudades
como Sincelejo, Quibdó, Santa Marta y Tumaco
y para programas especiales del Plan Vial.
-
Finalmente, la elevada misión consiguió
"ayuda" en recursos y equipos para los
cuerpos represivos. Objetivo declarado: "ponernos
en condiciones de luchar contra las mafias"7.
Este fue un
resumen del financiamiento externo, cuyos
guarismos divulgó profusamente la gran
prensa con motivo de la visita presidencial.
Podrá no ser muy exacto, no obstante basta
para formar una noción aproximada de cómo
todas las actividades esenciales del país se
encuentran en última instancia determinadas
por la influencia avasalladora del capital
financiero norteamericano. Sin ocuparnos de
otras herramientas de dominación y
explotación como la inversión directa en la
banca y la industria, la extracción de
materias primas básicas y el control del
comercio internacional, la relación anterior
de préstamos demuestra hasta qué extremos ha
llegado la dependencia de la economía
colombiana de los dictados del imperialismo
norteamericano. En Colombia el gobierno
requiere de empréstitos extranjeros para
abrir un hueco y, para cerrarlo, también
recurre al endeudamiento externo. En tales
condiciones la industrialización del país
continuará estancada, los productores
nacionales medianos y pequeños caerán sin
remedio en la quiebra, los campesinos
vivirán en permanente ruina, el desempleo
crecerá progresivamente en campos y
ciudades, el hambre y la miseria asolará a
las grandes masas populares y la sociedad
entera se debatirá en una permanente crisis.
La nación apenas si alcanza a soportar la
pesada cobranza, las gabelas y la despiadada
explotación. Todo por el enriquecimiento de
los potentados imperialistas y del grupillo
de antipatriotas que le sirven de sostén.
Y para
escarnio de la paciencia de los colombianos,
el presidente López expresó a su regreso a
Bogotá: "Cómo me siento de orgulloso de
haber reducido la dependencia económica
entre nuestros países, sin perjuicio de
estrechar las relaciones internacionales"8.
5 LA PROMESA
ANTIPATRIÓTICA PRESIDENCIAL
Caído el
telón y acabada la función de la gira por
Estados Unidos, quienes presenciaron este
deprimente espectáculo, pudieron observar
perplejos en qué forma el gobierno lopista,
sin tapujos y después de año y medio de
vigencia del "centro-izquierda", a manera de
salida a las gravísimas dificultades, le
presenta al país la negra perspectiva de
ahondar la subordinación y el sometimiento
al imperialismo norteamericano.
Absolutamente todos los programas del
régimen, sus intentos farisaicos para
mejorar la "calidad de la vida",
como dicen los tratadistas yanquis, sus
denominados planes de desarrollo rural y de
nutrición, sus proyectos de obras públicas y
sus cacareadas estrategias de "contenido
social", están definidas por los préstamos,
las inversiones, o por cualquier otro
"favor" de los monopolios imperialistas. La
transformación más audaz, la tan llevada y
traída reforma tributaria, a la postre no
fue más que un escandaloso aumento del
impuesto al consumo de las masas
trabajadoras, con el cual se adecuaron las
finanzas del Estado para atender el
progresivo endeudamiento y los demás
compromisos con los capitalistas
internacionales.
No estaban
muy desencaminadas las agencias noticiosas
imperialistas al difundir la peculiar
especie de que Colombia actualmente "es
el país latinoamericano con mejores
condiciones para formar un puente entre
Estados Unidos y el Tercer Mundo" y "desempeñar
un papel decisivo como fuerza moderadora
en América Latina". Eso es una
ferviente aspiración del imperialismo
norteamericano. Que la vocería de los países
neocoloniales en creciente ebullición
revolucionaria recayera en un gobierno de
fachada democrática, constituido de acuerdo
al proceso electoral oligárquico
tradicional, con ínfulas de "izquierdismo" y
"tolerancia", legalista y dispuesto a ceder
a los caprichos de los conquistadores
contemporáneos, desde desollar a la nación
hasta bañarla en sangre. Un régimen títere
"constitucional" para ponerlo de modelo de
un Continente anonadado por las dictaduras
militares y desarticulado por las
convulsiones sociales. Y López Michelsen se
apresuró a manifestar a Gerald Ford su
predisposición a aceptar el histriónico
encargo. "En la débil medida de
nuestras fuerzas, señor Presidente -le
prometió- estamos dispuestos a
acompañar a los Estados Unidos, dentro de
nuestra amistad tradicional, a propiciar
el cambio, a admitir las realidades, a
reconocer derechos, a la par que asumir
responsabilidades, conservando lo que sea
digno de conservar y reconociendo la
obsolescencia de lo que debe ser
sustituido"9.
¡Ay de las
naciones sojuzgadas que dejan en manos de
los colonizadores su propio porvenir! La
"amistad tradicional" a los tiburones del
capitalismo imperialista se paga con la
pérdida de bienes, vida y honra, para usar
la antiquísima expresión repetida a menudo
por las clases dominantes colombianas. Los
problemas ancestrales de Colombia,
agudizados al máximo en los campos
económico, político y social, tienen como
causa primera la explotación y dominación
imperialista norteamericana. Un país que no
trabaja para el bienestar de sus hijos sino
para el enriquecimiento de una potencia
extranjera, esta condenado a la bancarrota
en todos los órdenes. Y cuando el presidente
de aquel país ofrece familiarmente al
mandatario de esta potencia que lo
acompañará a "propiciar el cambio", no
pronuncia sólo un cumplido diplomático de
intrascendente consecuencia. Está
comprometiendo el futuro de la patria y
traicionando a sus conciudadanos. El cambio
que propicie Estados Unidos, las realidades
que pueda admitir, los derechos que se digne
reconocer, las responsabilidades que decida
asumir, las cosas que proponga conservar y
las que acepte sustituir, no son más que las
modificaciones requeridas para incrementar
el saqueo de sus neocolonias, a tono con las
nuevas situaciones que se vayan presentando.
El imperialismo, por ejemplo, no reclama ya
de las repúblicas que se mueven en su
órbita, la entrega tanto de concesiones de
explotación, pasadas de moda, como la buena
marcha del sistema de asociación, por medio
del cual el inversionista extranjero
aparentemente comparte por igual los mismos
derechos y obligaciones que el capital
nacional, mas con el resultado de que se
lleva la ganancia fundamental con un mínimo
de riesgos económicos y políticos. Estas son
expresiones típicas del neocolonialismo, a
las que se ajustan maravillosamente
fenómenos como el de la integración
latinoamericana, para mencionarlo de pasada.
El Pacto Andino lo han inspirado y manejado
entre bambalinas los consorcios
internacionales, aunque los gobiernos de la
subregión aparezcan en el tinglado actuando.
El fruto de toda aquella pantomima
seudonacionalista, hoy reconocido hasta por
la misma burguesía colombiana, ha sido el de
que las grandes empresas imperialistas
pueden invertir en cualquiera de los países
del área, dentro de las mayores seguridades
y gozar de un mercado ampliado con mínimas
trabas arancelarias. Son los cambios que
patrocina el imperialismo. Los compromisos
del amo norteamericano con sus satélites. La
alianza del jinete y el caballo.
Muy
confundidos, por el contrario, han estado en
Colombia aquellos que fomentan en una u otra
forma la ilusión de que el "mandato claro" y
su mayordomo representan una tendencia
progresista en el conjunto de los últimos
gobiernos colombianos. Acontecimientos como
el viaje a los Estados Unidos conducirán a
las personas honestamente equivocadas sobre
la naturaleza del actual gobierno a
reconocer su error, si analizan con ánimo
desprevenido y patriótico estos episodios.
La revolución saludará fervorosamente el
consenso y la unidad de todas las fuerzas
políticas en torno al convencimiento
consecuente de que el régimen lopista en la
práctica no ha sido más que la prolongación
de los cuatrienios del Frente Nacional. Con
todas sus virtudes y defectos. Y ciertamente
el historiador científico del mañana
encontrará que López Segundo no se dejó
opacar por sus predecesores. Yancófilo fue
como Mister Alberto Lleras, folclórico como
Guillermo León, transformador como el otro
Lleras y pacificador como Pastrana.
NOTAS
1
.Cables de la AFP y de la UPI. "El
Tiempo", septiembre 21 y 27 de 1975.
2. "El
Tiempo", septiembre 26 de 1975.
3. "El
Tiempo", septiembre 27 de 1975.
4. "El
Tiempo", octubre 8 de 1975.
5. "El
Tiempo", septiembre 22 de 1975.
6.
Informe citado.
7. Idem.
8. "El
Tiempo", octubre 1o. de 1975.
9.
Discurso citado.
Tomado
de "TRIBUNA ROJA", No. 17, noviembre 22 de
1975