POR LA DEFENSA DE LA SOBERANÍA Y LOS RECURSOS NATURALES HACIA LAS ELECCIONES 2026
I. Introducción: La encrucijada histórica de 2026
En 2026, Colombia no solo enfrenta una elección presidencial; enfrenta la definición de su supervivencia como nación con capacidad productiva. Tras décadas de aplicación del modelo neoliberal, el país se halla en una crisis de identidad económica, social, política y cultural. El legado de Francisco Mosquera nos impele a denunciar que, independientemente de los matices partidistas, el hilo conductor desde mediados de los 80 ha sido la entrega del patrimonio nacional. Este documento analiza cómo el imperialismo norteamericano ha moldeado nuestra estructura estatal y por qué la teoría de los Tres Mundos de Mao Tse Tung es hoy la brújula necesaria para navegar el conflicto geopolítico global.
II. El origen del desmantelamiento: De Virgilio Barco a César Gaviria (1986-1994)
El gobierno de Virgilio Barco marcó el inicio del fin del modelo de sustitución de importaciones. Bajo el eufemismo del "Plan de Economía Social", se introdujeron las primeras reformas estructurales exigidas por la banca multilateral. Sin embargo, fue César Gaviria quien propinó el golpe de gracia con la "Apertura Económica".
Gaviria liquidó la protección arancelaria, destruyendo el ICETEX, el Instituto de Mercadeo Agropecuario (IDEMA) y otros mecanismos de protección nacional, lanzando al campesinado a una competencia desleal con los subsidios de las potencias del Primer Mundo y envileciendo a la clase obrera, el pueblo y el aparatos productivo del país. En este período, el imperialismo norteamericano dejó de ser solo un supervisor macroeconómico y también militar para convertirse en el arquitecto de nuestra legislación económica, privatizando sectores estratégicos y condenando a la industria nacional al desmantelamiento.
III. La consolidación de la dependencia: Samper y Pastrana (1994-2002)
El gobierno de Ernesto Samper, con apariencia de matiz social con el "Salto Social" y “La Apertura con Corazón”, fue constreñido mediante el Proceso 8.000, lo que permitió a EE. UU. aumentar su injerencia mediante la "certificación" anual. Posteriormente, Andrés Pastrana profundizó la entrega con el Plan Colombia. Bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, se aceptó la presencia militar extranjera y se hipotecó la soberanía judicial y territorial. Económicamente, el país sufrió la peor recesión del siglo XX en 1999, demostrando que el modelo neoliberal no generaba riqueza, sino que extraía recursos para pagar una deuda externa impagable, un mecanismo clásico de succión del Tercer Mundo hacia el Primero.
IV. El auge del extractivismo y la Seguridad Democrática: Álvaro Uribe (2002-2010)
Los dos mandatos de Álvaro Uribe Vélez representaron la radicalización de la confianza inversionista. El país se convirtió en un enclave minero-energético. Se reformó el código minero para favorecer a las transnacionales, mientras se reprimía cualquier asomo de protesta sindical, democrática y revolucionaria bajo la etiqueta de "terrorismo". En ese momento, Uribe fue el mejor aliado del imperialismo en la región, intentando aislar a Colombia de sus vecinos y consolidando la dependencia de las exportaciones de carbón y petróleo. La firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE. UU. fue el acta de defunción para miles de pequeños y medianos productores, convirtiendo a Colombia en un importador neto de alimentos básicos como el maíz y el trigo de Ucrania la convirtieron en despensa al servicio de las manipulaciones de occidente.
V. La falsa paz y la continuidad del modelo: Juan Manuel Santos (2010-2018)
Juan Manuel Santos representó una fracción de la oligarquía que, buscó una salida negociada al conflicto armado para estabilizar el terreno a la inversión extranjera, mantuvo intacto el modelo económico. Santos profundizó la entrada de Colombia a la OCDE, aceptando estándares diseñados por el Segundo Mundo para beneficio del Primero, que asfixian la autonomía regulatoria del país. Su gobierno fue el de la "Locomotora Minera", que no trajo progreso, sino conflictos socio-ambientales y un aumento de la desigualdad e inequidad. El Acuerdo de Paz no abordó el problema de la tierra desde la óptica de la producción nacional, sino desde la formalización de la propiedad para facilitar el mercado de tierras a gran escala profundizando la explotación y dominación de obreros, campesinos y sobre los productores nacionales.
VI. El colapso del Duque-Uribismo y el estallido social (2018-2022)
El gobierno de Iván Duque fue la expresión más acabada y servil del neoliberalismo Su contraposición a las necesidades nacionales llevó al Estallido Social de 2021. Duque intentó cargar el peso de la crisis post-pandemia sobre los hombros de los trabajadores mediante reformas tributarias regresivas. Su política exterior fue un calco de los intereses de Washington, llegando incluso a poner en riesgo la paz regional con su postura frente a Venezuela, descomponiendo a su paso la frontera con Venezuela. En este punto, la contradicción entre las masas populares y el bloque de poder pro-imperialista llegó a su punto más alto en décadas, preparando el terreno para el triunfo del reformismo practicado por el Pacto Histórico.
VII. El Gobierno de Gustavo Petro y la crítica desde la necesaria protección de la soberanía nacional
Llegando a la actualidad, el gobierno de Gustavo Petro se presenta como un cambio de paradigma. No obstante, desde el MOIR y los sectores patriotas, hemos mostrado las inconsistencias:
La Transición Energética: Plantear el cese de la exploración petrolera sin haber desarrollado una industria nacional que lo reemplace es, en la práctica, una forma de suicidio económico que favorece la importación de energía desde potencias extranjeras.
La relación con el FMI: Con la retórica progresista, el gobierno de Petro ha cumplido a rajatabla con el pago de la deuda externa y las metas de austeridad impuestas por los organismos financieros internacionales.
El Neoliberalismo "Verde": Existe el riesgo de cambiar un extractivismo por otro, donde las potencias del Primer Mundo imponen agendas de "descarbonización" que impiden que los países del Tercer Mundo se industrialicen, manteniéndonos como parques naturales para su recreación (turismo) o proveedores de recursos naturales, entre ellos, el litio y la tierras raras para su tecnología.
VIII. Hacia 2026: La Teoría de los Tres Mundos y la Unidad Nacional
Frente a las elecciones de 2026, nuestro pronunciamiento es claro:
Aplicación de la Teoría de los Tres Mundos: Colombia pertenece al Tercer Mundo. Debemos denunciar que la pugna actual entre EE. UU. y China no es una lucha de ideologías, sino una disputa imperialista por el control de nuestros recursos. No debemos tomar partido por ninguna superpotencia, sino buscar la alianza con los pueblos oprimidos de África, Asia, América Latina y las potencias de segundo orden.
Crítica al Imperialismo: El enemigo principal sigue siendo el imperialismo norteamericano que controla nuestra economía, política y cultura, la moneda, nuestras fuerzas armadas y nuestros negocios.
Programa de Salvación Nacional: Proponemos para 2026 la promoción del programa nacional y democrático, candidatos democráticos y revolucionarios que defiendan:
El Patrimonio Nacional, la aplicación de aranceles protectores para el agro y la industria.
Reforma Agraria con entrega gratuita de la tierra para quienes la trabajan.
Extinción de la deuda externa para invertir en la producción nacional, ciencia y tecnología propia y los derechos sociales en salud, educación, bienestar social, y cultura avanzada.
Defensa de la soberanía económica y alimentaria como cuestión de seguridad nacional.
¡Por una Colombia soberana, productiva, democrática y revolucionaria!
¡Francisco Mosquera Vive en la Lucha del Pueblo!
Orlan Gutiérrez R