Palabras para
que No se Olviden Nunca (*)
Clemencia:
Como te
conocíamos y como sabemos que, si te fuera
dada la licencia de demandar algo, ahora, en
la hora inexorable de la despedida, sólo
indagarías por el afecto de tus compañeros
de fatigas e inquietudes, es que deseamos
decirte unas cuantas palabras para que no se
olviden nunca. La muerte te propinó un golpe
artero cuando aún tenías mucho por aportar a
la causa de los expoliados e ignorados, pero
no pudo velar el hecho incontrovertible de
que caíste en medio del campo de batalla. Al
Valle del Cauca te trasladaste en
cumplimiento de tus magníficos proyectos y
de ligarte en alguna forma aunque fuese
temporalmente con el proletariado de aquella
brava porción de la patria, tanto para
plasmar en vivos colores la insumisión de
los esclavos asalariados y enriquecer el
arte revolucionario, como para fortalecer el
ánimo de los combatientes con tu entusiasmo
contagioso. No hará quince días que
estuviste en los muelles de Buenaventura a
enterarte personalmente de la huelga de los
trabajadores de Colpuertos, pues intuías que
ese conflicto, ensangrentado ya por la
metralla oficial, bien podría marcar el
viraje hacia el descrédito de la demagogia
reinante. Y así estabas dispuesta a seguir
avanzando, a investigar, a estudiar, a
vencer. Te sucedió lo que les acontece a
todos los revolucionarios de verdad, que la
vida no les alcanza para culminar cuanto
aspiran, no sólo porque cuando logran una
meta se proponen otra y otra, sino porque la
revolución contemporánea será la hazaña de
muchas pero muchas generaciones.
Lo
importante es consumar concienzudamente las
tareas que nos han de corresponder. Y tú no
le temiste a ningún riesgo y desafiaste
todos los valores establecidos, decidida a
contribuir, desde tu trinchera, al porvenir
venturoso de Colombia y de los pueblos del
mundo. Exaltaste y participaste de la
intrepidez de nuestros héroes, de la
fortaleza de nuestros mártires y de la
abnegación de nuestros mejores militantes.
Defendiste con pasión cuanto te parecía
correcto y condenaste sin miramientos las
posiciones ambivalentes y acomodaticias tan
características de los prohombres de la
reacción.
Esgrimiste
con singular destreza la pluma y el pincel,
tu arma predilecta. Analizando febrilmente
las experiencias del pasado y comunicándote
con las masas te esmeraste por hallar los
senderos expeditos para la marcha victoriosa
de las muchedumbres del común.
En, tus
obras captaste los momentos preliminares de
la revolución colombiana, en los que los
obreros, los campesinos y los demás
segmentos sojuzgados y patrióticos pugnan
por elevar la conciencia, emprender sus
luchas, adecuar sus organizaciones y
acumular fuerzas para las contiendas
definitorias. Y tú misma hiciste parte de
los pioneros de esta gesta que nada ni nadie
contendrá.
Cumpliste,
pues, a cabalidad con tus ideas y tus
gentes. Tu vida será siempre fuente de
inspiración para aquellos que habrán de
sucedernos en la brega, y el pueblo, quien
al fin y al cabo es el que decide sobre el
olvido y la inmortalidad, te recordará entre
sus primeros servidores.
Julio 26 de
1983.
--------------
(*) Tomado de Resistencia
Civil. Bogotá: Ediciones Tribuna Roja, 1995.
Oración fúnebre en el sepelio de Clemencia
Lucena, el 26 de julio de 1983.