Ante la Tumba
del Camarada Raúl Ramírez Rodríguez (*)
Nadie es más
respetable que quien respalda sus ideas con
sus actos. Raúl Ramírez pertenecía a esa
estirpe de abanderados del progreso social
que hacen de la acción el único objetivo del
pensamiento. Cuanto creyó lo ha dejado
impreso en las actividades de toda la vida,
incluida la última, la de su muerte.
Desde los
días de las grandes definiciones, cuando
pululaban en Cali y otras capitales las
polémicas universitarias, y la Juventud
Patriótica enfrentábase dentro del
estudiantado a las estridencias
pequeñoburguesas, Raúl escogió la
alternativa de constatar entre las masas
populares la justeza de los planteamientos
revolucionarios, un impulso que no
abandonaría jamás. Mientras explicaba ante
amplios auditorios que los obreros han de
unirse con el resto de sectores laboriosos y
oprimidos si desean vencer, el trotskismo
criollo, entonces de moda, se consumía en su
contradictorio empeño de arremeter contra la
estratégica consigna de la autodeterminación
nacional y exigir dogmáticamente el salto
inmediato al socialismo.
Calar en la
naturaleza de la sociedad colombiana y
definir el carácter de la revolución, dos
aspectos vitales de la teoría, significaba
precisar no sólo los pasos o las etapas de
la gesta libertaria sino las clases y capas
que habrían de sacarla avante. En aquel
período vimos a Raúl en las sedes sindicales
sustentando la urgencia de un vuelco
democrático cual requisito de la victoria
socialista, argumentos de la nueva
concepción, nueva entre nosotros, porque el
marxismo la había expuesto con mucha
anterioridad para los países neocoloniales y
semifeudales.
A raíz del
viraje táctico de 1972, participó con
entusiasmo en la campaña electoral, no
obstante las debilidades y dificultades de
una brega que nos era desconocida por
completo. Por encima de las limitaciones
típicas de esta modalidad de lucha, la
continuó esgrimiendo, sin aburrirse ni
olvidarse de que la rebeldía civil provendrá
exclusivamente de las múltiples
confrontaciones económicas y políticas de la
población.
Ante el
llamamiento de marchar hacia el campo, él
fue el primero entre los primeros en
"descalzarse". Vinculado al regional de
Córdoba estuvo en Ciénaga de Oro, Planeta
Rica, Lorica y finalmente El Bagre.
Con el
conocimiento que dejan diez años de
experiencia, contribuyó, en infinidad de
eventos, a esclarecer problemas claves como
las peculiaridades de las relaciones de
producción en zonas de diverso desarrollo,
la composición y propósitos de las ligas
campesinas, las pautas rectoras del
cooperativismo agrario...
A lo largo y
ancho de la contienda contra la acechanza
socialimperialista se destacó, desde los
frentes que le correspondiera atender, por
los esfuerzos dedicados a despejar la
confusión reinante. Creía cabalmente que la
emancipación de los pueblos, y en especial
de la clase obrera, no logrará coronarse sin
la plena soberanía de las naciones pobres y
sin la conciencia pública de que el
socialismo verdadero no es anexionista. La
lealtad con tan trascendentales premisas la
selló con su sangre en la mañana del 12 de
noviembre de 1986. A metralla y a mansalva,
facinerosos de las Farc cercenaron su
existencia en Puerto López, un distante
caserío del municipio antioqueño de El
Bagre, adonde lo llevaran sus caras
convicciones El único daño qué les había
infligido a sus asesinos en tres lustros de
pelea consistió en señalar, ante asalariados
y demás estratos productivos, las
inconsecuencias y los procedimientos
proditorios de la contracorriente
revisionista.
Hasta con su
sacrificio demostró cuánta razón nos asiste
al denunciar a esta pandilla, que en su
vertiginoso proceso degenerativo está
dispuesta a cometer cualquier crimen con tal
de cumplir el triste encargo de entregarles
el país a los amos soviéticos.
Y así, si
echamos una ojeada a los anales del MOIR,
siempre encontraremos a Raúl Ramírez en la
vanguardia de la batalla ideológica y de las
labores prácticas, persiguiendo las metas de
deshacer la herencia extremoizquierdista,
rebatir el revisionismo, estructurar una
línea proletaria de la revolución colombiana
y extender el Partido.
Ciertamente
corren tiempos difíciles. Al igual que la
multitud de víctimas de la extorsión y el
chantaje, hemos sufrido, con pérdidas de
compañeros y regiones, las consecuencias de
los desplantes demagógicos de un presidente
venal que durante cuatro años se mostró
solícito, en su decir, con "el noventa por
ciento del movimiento guerrillero", o sea
las Farc, cuyos integrantes recibieron,
fuera de la amnistía y el indulto, las
ventajas de efectuar el proselitismo
coactivo, apoderarse de territorios enteros
sin resistencia alguna y elegir con el apoyo
oficial unos cuantos candidatos a las
corporaciones públicas. Semejante situación,
en lugar de traer la "paz" y el sosiego a la
martirizada república, ha exacerbado las
contradicciones, hasta el extremo de
entronizarse el atentado personal como medio
de dirimir las controversias partidistas,
poniendo a varios sectores a pensar
seriamente en la conveniencia de proveerse
su propia protección armada.
No obstante,
en el pueblo hay infinitas reservas morales
que tarde que temprano brillarán en todo su
esplendor, y el Partido sabrá hallarle una
salida a la encrucijada del momento. Por eso
hemos hecho la invitación unitaria del 24 de
enero. Casualmente con Raúl profundizamos en
los fundamentos de nuestra propuesta durante
una reunión de compañeros de Córdoba
presididos por su secretario Pacho
Valderrama, celebrada en Medellín, y en la
cual se remarcó que tanto los factores
externos e internos como el rumbo de los
sucesos nos permitían aliamos sin excepción
con los contingentes preocupados por la
integridad de Colombia. Las cosas se
presentan en tal forma que a través de este
realinderamiento de fuerzas conseguiremos
defender el fuero del país a
autodeterminarse, el avance de la producción
nacional, la implantación de una táctica
revolucionaria y el mejorestar de las
mayorías populares, constituyen conquistas
de las cuales depende en enorme medida la
reivindicación política de los trabajadores
colombianos. Promoviendo la más vasta unidad
responderemos al desafío que se nos formula
y honraremos la memoria de los héroes
caídos.
Aun cuando
la senda sea larga y penosa no tenemos
derecho a desfallecer.
¿Al rehuir
el combate no estaríamos declarando inútil
la hermosa página escrita por el camarada
desaparecido?
Por lo
demás, las realizaciones consignadas en
nuestro programa partidario serán la obra de
varios siglos y no de unas pocas décadas. A
nosotros apenas si nos tocó en suerte dar
comienzo a la colosal empresa; y encararla
en medio de ingentes obstáculos fruto de los
hondos trastrocamientos de la época
contemporánea. Empezando por el insólito
fenómeno de que en la actualidad las peores
vejaciones se ejecutan en nombre del
comunismo. A las gentes, por tanto, les
resulta casi imposible distinguir entre las
divisas de la libertad y de la sojuzgación.
En cuanto a
las condiciones históricas de Colombia,
también habremos de tomar nota de su
paradójico desenvolvimiento. El estado
republicano se instauró 128 años antes del
advenimiento de la democracia en China pero
aún no culmina sus cometidos económicos.
Aunque los rezagos feudales han ido
diluyéndose gradualmente, la descomposición
de las formas precapitalistas no se traduce
en un auge de la industria, debido al saqueo
de los grandes emporios. A su vez la
influencia de las capas medias da pábulo a
toda especie de aventuras políticas. Y si a
lo anterior añadimos que el Partido surge
bajo el imperio de la reacción triunfante
del Frente Nacional, a los 65 años de la
Guerra de los Mil Días, cuando el ímpetu
democrático-burgués era ya un mero recuerdo
del pasado, contaremos con una visión
aproximada de las vicisitudes que hemos
venido sorteando.
De tales
elementos adversos, algunos carecen de
antecedentes en los fastos de la revolución
mundial; otros escapan incluso a nuestro
control, como para que hubiéramos podido
superarlos en el corto tramo recorrido por
el MOIR desde su fundación. Esto no
significa que hayamos actuado de simples
espectadores de los acontecimientos. Junto
con la construcción del Partido hemos
atendido cada una de las fases y facetas del
proceso revolucionario, desplegando nuestra
iniciativa en los más diversos terrenos de
la actividad social. Y a través de la
práctica, a la manera de Raúl Ramírez, hemos
descubierto las soluciones adecuadas a las
complejas y originales circunstancias que
vivimos. Logros aparentemente nimios pero
que desbrozarán el camino y la grandeza de
Colombia.
No nos
preguntemos cuánto nos falta todavía.
Aprendamos de nuestros mártires que si bien
no contemplaron el triunfo lo han hecho
factible con su ejemplo.
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(*) Discurso
pronunciado en Cali, el 14 de noviembre de
1986.